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El primer rescate bancario de la historia

Fotografía: © M.M.Capa

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“Las grandes acumulaciones de oro y plata hechas por Tiberio, que permanecían ociosas en el Tesoro, habían sido las responsables de la elevación de los tipos de interés, y se produjo un pánico financiero y los valores de la tierra cayeron a menos que nada. Eventualmente Tiberio se vio obligado a aliviar la situación prestando a los banqueros un millón de piezas de oro del dinero público, sin intereses, para pagar a los que solicitaban préstamos con la garantía de tierras.”.

En uno de sus frecuentes momentos de eso que ahora llaman posverdad y que antes llamábamos simplemente mentira, Rajoy afirmó en el Congreso que el rescate de bancos y cajas no nos iba a costar un solo euro a los españoles. Durante mucho tiempo, sus corifeos repitieron la misma trola. Como ya todo el mundo sabe, era efectivamente una posverdad que dilataría al máximo la nariz de Pinocho, una mentira quizás comparable a las muchas falacias que en estos tiempos tan absurdos sueltan especímenes como el Trump descendiente de inmigrantes, la Le Pen hija de su padre o los del Brexit hijos de la Gran Bretaña menguante.

Desvelado por fin el engaño y el milmillonario coste de rescatar cajas y bancos, es buen momento para recordar el que quizás fuera el primer rescate bancario de la historia. Y que se hizo como los más recientes: a costa del dinero público y sin cobrar intereses a los banqueros. Nos lo cuenta el gran Robert Graves (1895-1985) en su novela más popular, entre otras cosas a causa de una también magnífica serie de televisión: “Yo, Claudio”.  Precisamente gracias a este éxito de la BBC, muchos descubrimos cuánto se parece nuestro mundo al de los césares. La teleserie (que aún se puede conseguir en DVD) refleja muy bien la novela de la que procede, por no hablar de su calidad y de las brillantes interpretaciones de gente como Derek Jacobi (Claudio) o de ese inmenso actor que nos dejó el pasado 25 de enero, John Hurt (Calígula). Con tales ingredientes, está producción de 1976 sentó las bases de cómo había que hacer una gran serie televisiva de calidad.

TIPOS DE INTERÉS ABUSIVOS

El rescate bancario de Tiberio fue provocado precisamente por las malas prácticas de los propios rescatados. ¿Les suena? Robert Graves nos cuenta, a través de Claudio, cómo se desencadenó todo:

“Por esa época los delatores empezaron a acusar a los hombres de dinero de cobrar un interés superior al legal sobre los préstamos; lo único que se les permitía cobrar era el uno y medio por ciento. El reglamento respectivo había caído en desuso hacía tiempo, y muy pocos senadores eran inocentes de su violación. Pero Tiberio confirmó su validez”.

Sí, efectivamente, lo de las puertas giratorias no es un invento reciente: el Senado romano estaba lleno de banqueros y prestamistas que ni siquiera disimulaban su condición. Pero, claro, al ser acusados de cobrar intereses muy superiores al legal del uno y medio por ciento –un tipo, por cierto, bastante razonable y que indica que ya los romanos tenían muy claro cuál podía ser el precio real del dinero–, los banqueros se pusieron nerviosos. E hicieron lo primero que suelen hacer los banqueros cuando se ponen nerviosos: pedir al Gobierno de turno que cambie las leyes. Como entonces el gobierno era el emperador en persona, acudieron a él. Ya que Tiberio había confirmado que el tipo legal no podía superar el citado uno y medio por ciento…

“Una delegación (…) le rogó que se le concediese a todo el mundo un año y medio para adoptar sus finanzas personales de modo que concordasen con la letra de la ley, y Tiberio, como un gran favor, concedió el pedido”.

Hecha la ley, hecha la trampa. ¡Qué prácticos eran estos romanos! Pero los más prácticos de todos eran los banqueros. Por supuesto, no pensaban utilizar ese año y medio de moratoria para bajar sus tipos de interés hasta el uno y medio por ciento del tipo legal del dinero. No. Fueron mucho más expeditivos:

“El resultado fue que todas las deudas fueron reclamadas en el acto, cosa que provocó una gran escasez de dinero en efectivo. Las grandes acumulaciones de oro y plata hechas por Tiberio, que permanecían ociosas en el Tesoro, habían sido las responsables de la elevación de los tipos de interés, y se produjo un pánico financiero y los valores de la tierra cayeron a menos que nada. Eventualmente Tiberio se vio obligado a aliviar la situación prestando a los banqueros un millón de piezas de oro del dinero público, sin intereses, para pagar a los que solicitaban préstamos con la garantía de tierras.”

La mala gestión del dinero público (que el emperador tendía a considerar más bien privado, es decir, suyo) fue también responsable de esta crisis. Así que Tiberio no tuvo más remedio que aflojar la bolsa, pero para darles un millón de piezas de oro a los prestamistas, a los banqueros, pese a que las había rapiñado a todo romano que fuera susceptible de ser gravado con abundantes tasas e impuestos. Ese millón de piezas de oro era el único modo de que los prestamistas recuperaran su dinero, ya que el precio de las tierras (hipotecadas con esos tipos de interés abusivos) se hundió cuando todo el mundo intentó venderlas para devolver los préstamos. ¿Les suena? Un auténtico escándalo subprime a la romana.

DINERO PARA PAGAR A 22 LEGIONES

¿Era mucho un millón de piezas de oro? Debía serlo, pues el propio Graves, en una nota que abre la novela, aclara que…

“La `pieza de oro´ que se emplea aquí como unidad monetaria regular es el aureus latino, una moneda que vale 100 sestertii o veinticinco denarii de plata (`piezas de plata´). Se la puede comparar, aproximadamente, con una libra esterlina o cinco dólares norteamericanos de preguerra”.

Sería complejo calcular la cotización actual del áureo, los sestercios o los denarios, así como deflactar la inflación desde la época de los Césares para afinar más aún el resultado. Así que recurramos a un sistema más simple: saber lo que valían las cosas en aquella época. Tomemos un ejemplo de la propia novela “Yo Claudio”: ¿cuánto cobraba el funcionario del Estado más abundante en el Imperio, es decir, el legionario romano? Graves nos da este importante dato al recordar que el propio Augusto (antecesor de Tiberio) donó en su testamento “apenas cuatro meses de paga, tres piezas de oro por hombre” a sus abnegados legionarios. A partir de esta información, unas cuantas multiplicaciones nos permitirán deducir que con un millón de monedas de oro se podrían pagar durante un año los salarios de veintidós legiones de 5.000 o 6.000 hombres cada una (no tenían una cantidad fija de legionarios). Y el ejército imperial formado por Augusto en el año 30 A.C. –y heredado por su avaro y ambicioso sucesor– tenía veintiocho legiones. Así que sí, definitivamente, el rescate bancario realizado por Tiberio con el dinero público fue bastante caro.

Como los de ahora. Y hubo que esperar dos mil años para que alguien nos contara la verdad… en una novela.

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Título comentado:

-Yo, Claudio. Robert Graves, 1934. Biblioteca El Mundo, 2002.

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Los mangurrinos de la crisis, verso a verso

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

Vive Dios que me asombra la grandeza
de este Arsenio Escolar y su escritura,
golpes en verso de singular bravura,
contra quienes sin rastro de vergüenza
nos esquilman cual rayo que no cesa.

 

Ni Mariano ni Aguirre, ni ZP ni Aznar,
ni el Rey, ni Cospedal, ni la Botella,
ni Blesa, ni la Mato, ni Felipe,
ni Guindos, ni Montoro, ni Pujol,
que aquí ni Dios se salva de la quema,
de la acerada pluma que apuñala
tanto inútil, corrupto, vago y ánsar,
pues más bien patos y ánades parecen
los que Arsenio despluma con su daga,
rebosante, como el título proclama,
de “Arsénico sin compasión,
radiografía (en verso)
de la actualidad de España”.

 

Si Quevedo saliera de su tumba,
llevando de la mano a Góngora y Zorrilla,
pasmáranse los tres de la osadía
de quien desde la prensa y la poesía
transforma en hilarante regocijo
el cúmulo sin fin de tonterías
de quienes aliñaron esta crisis
con tal torrente de burdas tropelías.

 

Yo me quito el sombrero y, cual Cyrano,
mi pobre pluma saluda a la del genio
que convierte los versos en espada
para batirse con ella en mil entuertos.

 

Liberalismo hipócrita, sobornos,
fiscales amnistías para amigos,
ristras de chorizadas financieras,
Noos y Bárcenas, cajas requebradas,
ninguna de las recientes patochadas
se libra de tan ácida mirada
que con arsénico feroz hace limpieza
y proclama con rimas desatadas
que ya está bien coño, ¡voto a bríos!,
de soportar a tanto mangurrino.

 

Discúlpeme el lector lo malsonante
de estos inevitables exabruptos,
pero es que leer a Arsenio ha despertado
la necesidad de unirme a su voz fiera
y pedir que, de una vez y con premura,
tomemos la Justicia por bandera.

 

Mas ya me callo, pues, en mi demasía,
me olvido de que esta bitácora modesta
debe loar a los maestros que la economía
nos enseñan con brío y pluma diestra.

 

Sin más les dejo el gozo y el disfrute
de una florida muestra del alarde
de convertir en poesía lo que muchos
son incapaces de explicar porque no saben
que antes de largar hay que enterarse,
pensar, reflexionar y, sobre todo,
no comulgar con ruedas de molino,
esas mismas que mucho nos trituran.

 

A desmontar liberalismo de diseño,
Escolar le dedica un buen empeño
con aqueste mandoble anti-Esperanza,
que, cual todos los siguientes del maestro,
subrayaremos en “cursiva entre comillas”:

 

“Te proclamas liberal,
denuncias mamandurrias,
mas todas tus bebendurrias
son en despacho oficial.

Proclamas en tu ideario
que lo público es chinchurria,
pero toda tu vidurria
vas cobrando del erario.

Desde pequeña canturrias
pidiendo menos Estado,
mas como tú no has llegado
a Moncloa… pues tu amurrias.”

 

En diálogo fiscal con don Cristóbal,
implacable Montoro de la renta,
quéjase un defraudador de aquesta guisa
y amnistía recibe por respuesta:

 

“-Me rindo y canto, sí… Pues mi tesoro
ayudome LB a llevarlo a Suiza…
-¡Detente, que mejor estás callado!

-¿Es que algo dije mal, señor Montoro?
-Si es el Cabrón quien todo te organiza…
¡es que eres de los nuestros! ¡Amnistiado!”

 

Reaparece el Cabrón en otros versos,
pronunciados sin tino por Mariano:

 

“Lo admito; me he equivocado
y a Luis durante estos meses
le he mandado esemeeses,
pero pillar no he pillado.”

 

No nos creemos mucho la disculpa,
pues Gurtel, Noos y otras mandangas
nunca cesan de arruinar la fiesta,
por más que con confetis se disfrace
y el PP a Sepúlveda despida, pagando,
por si acaso, pasta cierta:

 

“Casi me da un patatús
al saber lo de tu pasta.
¡Pillas, pillo! ¡Ya te basta
para otro Jaguar, Jesús!

Si algo sobra, juega al mus
ve a Suiza con Ana un rato;
con confeti y boato,

haced fiestas, comuniones,
cuchipandas y excursiones
de aquí Pillo y aquí Mato.”

 

Despidieron también a quien más pesa,
amigo de pupitre, ese tal Blesa,
mas de poco sirvió pues otro igual
llegó apenas pasó siquiera un Rato.
Contra el primero de ellos, escaldado,
un cachorro de Aznar ansí proclama:

 

“-¡Lo tuyo es impresentable!
Con los pelos que ha dejado
mi padre por tu tinglado!
¡Eres bobo y miserable!

A la Espe y a sus caspas
les das la Ceca y la Meca.
A tu sobrina, hipoteca.
Y a mi papi, ni unas raspas.(…)

Los Aznar y la cuadrilla
cambiaron de cortijero
mas ni mejoró el granero
ni se volvió la tortilla.

El cortijo acabó mal.
No salió de aquellos lodos.
Con otros lo fusionaron
pero ni aun así evitaron
burlar su suerte fatal.
Lo pagamos entre todos.”

 

Y como dijo el Tenorio,
puede Arsenio proclamar
“yo a los palacios subí”…
y encontreme infanta allí,
que se ganó unas coplillas
con quevedesco homenaje:

 

“Engrandece por igual
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad
que hasta los palacios sube,
y a Cristina, esa querube,
sorbe seso y voluntad,
y a Iñaki, en su probidad,
lo convierte en mandadero,
poderoso caballero
es don Dinero.”

 

Escolar con su poesía
no para de destripar
a quien tanto lo merece
por nuestra patria esquilmar.

 

Mas yo me detengo aquí,
pues no quiero más contar
de este libro sin igual
que recomiendo adquirir.
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Título comentado:

-Arsénico sin compasión. Una radiografía (en verso) de la actualidad española. Arsenio Escolar, 2014. Ediciones Península, Barcelona, 2014.

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