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Cómo cotizará la “posverdad” (antes llamada mentira)… hasta el impeachment

Las victorias del Brexit y de Trump marcan el principio de una nueva era: la de la “posverdad” (una palabrota que hasta ya recoge el prestigioso Diccionario de Oxford). Este modo estúpido de llamar a la mentira también cotiza en los mercados… y de qué manera. Y lo seguirá haciendo. Al menos hasta que al pinochosaurio recién llegado a la Casa Blanca se lo cargue el meteorito del impeachment que le lanzará su propio partido y hasta que Europa por fin reaccione y dé un giro a su política económica… para evitar que nuevos monstruos populistas se empeñen en levantar más muros y fronteras.

Trump PinochoAunque quede más fino en inglés, la “post-truht” o “posverdad” es un nuevo modo de llamar a la simple y burda mentira, por más que el Diccionario de Oxfort afirme que su significado ilustra “circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y la creencia personal”.

¿Qué significa esta sesuda explicación? Muy fácil: que las creencias y las emociones personales pesan más que los hechos. Esto, desde luego, ha ocurrido siempre: nos mienten y nos lo creemos sin pensar, sin reflexionar, sin reparar en los “hechos objetivos”. Pero nunca antes como durante las campañas del Brexit y de Trump se han soltado tantas mentiras, algunas de ellas enormes y descaradas (como las decenas de datos económicos falsos o incluso afirmaciones como que Obama no era estadounidense o que el Papa Francisco apoyaba a Donald). Y nunca antes tantas mentiras han sido capaces de movilizar a los votantes más ignorantes que prescindían de los “hechos objetivos”, sencillamente porque ni se molestaban en buscarlos y, aunque los buscaran, no los encontrarían: para algo la era Thatcher (la antesala de la era de la “posverdad”) se esmeró en desmontar el Estado del Bienestar comenzando por el sistema educativo británico; al otro lado del charco, muchos de los casi sesenta millones de votantes de Trump (personas de raza blanca con más de 100.000 dólares de renta per cápita anual, apenas afectadas por la crisis y habitantes en zonas en las que casi no hay inmigrantes…) serían incapaces de situar en el mapamundi más de tres países: el suyo (aunque tal vez no entero), quizás -sólo quizás- Canadá, y, por supuesto, México (esa nación de delincuentes, narcos y violadores, según el intelectual y nuevo okupa antisistema de la Casa Blanca).

UNA RED DE MENTIRAS PARA ATRAPAR IGNORANTES…

El efecto de la mentira (dejaré ya de hablar de “posverdad”) ha sido además magnificado, especialmente en la campaña del multimillonario heredero neoyorquino, por el papel de los “nuevos medios”, que resultan ser tan mentirosos y amarillistas como los peores ejemplos del rancio periodismo de otros tiempos: Google y Facebook han señalado que tomarán medidas para evitar que las mentiras (generosamente pagadas como publicidad encubierta para aparecer en tales redes) vuelvan a infectar internet como lo han hecho durante la última campaña electoral americana. Twitter, por su parte, bloqueó (algo tarde: nueve días después del martes electoral) las cuentas de supremacistas blancos -es decir, los racistas de toda la vida- que apoyaron a Trump.

La proliferación de mentiras en la Red, para hacer caer en ella a los pececillos más ignorantes, es también posible debido al citado desmoronamiento de los sistemas educativos a ambos lados del Atlántico. Porque a menor educación, menor lectura de Prensa (eso que los esbirros de Trump llamaban “pres-titute” durante la campaña) ¿Cuántos lectores diarios de Prensa más o menos seria hay entre los votantes del Brexit y de Trump? ¿Tantos como entre las poblaciones de Nueva York o de Londres, que mayoritariamente votaron sin dejarse engañar por la oleada de patrañas en ambas consultas?

…Y PARA DISTORSIONAR LOS MERCADOS

Otro problema es que también los mercados, que lo descuentan todo, han sufrido el impacto de las mentiras masivas. Normal. Eso pasa siempre. Cualquier rumor o información falsa puede mover una cotización, un índice o una divisa. Los sistemas automáticos de trading están programados para reaccionar también a esas falsas informaciones. Y no olvidemos que el delito más perseguido en los mercados es precisamente el de información privilegiada (insider trading en inglés), porque cualquier información (sea verdadera o falsa) que alguien conozca ilegalmente antes que los demás, es una ventaja a la hora de operar. El problema es que, como ha ocurrido ahora, los mercados no supieran descontar antes de tiempo la oleada de mentiras descaradas que bombardeaban a los votantes. De ahí que, por culpa del Brexit y del sorprendente resultado electoral norteamericano, acciones, bonos y divisas vivieran jornadas de auténtico pánico, mayor cuanto mayores fueron los embustes.

Por suerte, aún hay tiempo para rectificar. Entre otras cosas, porque las mentiras que llevaron a los catetos anti europeos a votar por el Brexit, y las que llevaron a los ignorantes de la América profunda a votar por Trump, curiosamente, se neutralizan entre sí al generar una nueva política económica. Veamos por qué.

LA MENTIRA SE DEVORA A SÍ MISMA

Comencemos por el efecto económico a corto y medio plazo de las mentiras del multimillonario neoyorquino. Conviene recordar, antes que nada, que se trata de una persona con déficit de atención, dificultades de aprendizaje y bastante inculta (¿han visto algún libro en las imágenes de su versallesca y hortera residencia en la Torre Trump?). En fin, un pobre niño rico que lo ignora casi todo no sólo sobre los buenos modales, sino también sobre la política internacional y nacional, y que sabe de los negocios tanto como un chamarilero del Rastro, seguro que más ducho que él en el arte de la compraventa… y eso que a ningún comerciante del gran mercado madrileño le regaló su padre, como al joven Donald, un millón de dólares para especular en inmuebles y luego le dejó una inmensa herencia inmobiliaria. Sin olvidar que todo ello nace de su emprendedor abuelo, inmigrante alemán que comenzó a ganar mucho dinero en América al apostar por uno de los negocios más antiguos y seguros de la Historia: montar un burdel.

Con esta herencia y con este bagaje intelectual, tanto en lo económico como en lo político, no sorprende que Trump I el Pos-Verdadero (el primero de su proyecto de dinastía, pues ya ha metido a hijos y yernos en su equipo) no haga más que vomitar mentiras. Para comenzar, es lo más fácil para cualquier populista (como sus grandes amigos Farage, Le Pen o Putin). Y para continuar, lo hace sencillamente porque ignora la verdad, esos “hechos objetivos” tan fáciles de verificar por cualquiera que sepa leer y tenga un mínimo coeficiente intelectual.

¿Cuál será el resultado? Sencillamente, que defraudará a su electorado muy pronto, pues una cosa es decir mentiras y otra cosa convertirlas en “hechos objetivos”. ¿Alguien se cree a estas altura lo del muro pagado por los mexicanos? ¿O lo de expulsar de un plumazo a dos o tres millones -cifra harto imprecisa- de indocumentados delincuentes? ¿O lo de quitar de en medio a los políticos del “sistema”, en quienes no tienen más remedio que apoyarse Trump y sus herederos para encontrar alguien que sepa algo de algo, y no sólo mentir o soltar proclamas racistas y fascistas? ¿O lo de meter en la cárcel a Hillary Clinton? ¿O lo de terminar con el Estado Islámico en un mes, amén de purgar a los musulmanes de Estados Unidos? ¿O lo de llegar a una alianza estratégica con Rusia y reducir el papel de Estados Unidos en la OTAN?

Resulta evidente que estas trolas y muchas otras son de imposible aplicación. Y, de intentarlo, probablemente pongan a Trump en una situación delicada frente a unas cámaras dominadas por un Partido Republicano al que ya no podrá ningunear (salvo golpe de Estado, por supuesto) y, mucho menos, mentir (¡a Clinton le hicieron el impeachment por una  única mentira de carácter sexual!). Cualquier desliz del nuevo presidente le pondrá al borde otro impeachment, aunque lo más probable es que este mecanismo se le aplique por alguno de sus varios pleitos pendientes (sus delicadas relaciones con Putin, o algunas posibles escaramuzas fiscales, mercantiles y seguro que pronto también sexuales, dada su declarada afición a meter mano por doquier), o porque el magnate del ladrillo no sepa responder a esta otra pregunta: ¿Cómo va a compatibilizar sus negocios con su trabajo en el Despacho Oval? ¿Va a desentenderse de sus más de cien empresas repartidas por dieciocho países, quizás mediante la creación de un fideicomiso ciego, o va a seguir pilotándolas, en directo a través de sus hijos o su yerno, para caer pronto en incompatibilidades, como, quizás, proponer a China la rehabilitación de la Gran Muralla para convertirla en centro comercial de lujo? ¿Va a seguir cobrando sus sueldos, sus rentas y sus dividendos (esquivando impuestos) o va a vivir con el euro de salario anual que se ha auto impuesto como Presidente? Responder con nuevos embustes a todas estas interrogantes no le será fácil, ni siquiera en esta nueva era de la “posverdad”.

Pero la pregunta que más interesa a todo el mundo, y no sólo a los mercados, es esta otra: ¿Cuál será DE VERDAD su política económica?

¿SON POSIBLES LAS TRUMPANOMICS?

Porque, por lo visto y “mentido” hasta la fecha, las trumpanomics son criaturas tan fantástica como los animales mágicos de la nueva película de la saga Harry Potter (casualmente ambientada en Nueva York). De momento, el mago/bufón Donald ha dejado claras pocas cosas:

-Que quiere masivas inversiones en infraestructuras (si de algo sabe Trump es de construir cosas) que sin duda tensará el déficit público (aunque el magnate presidente espera que el capital privado arrime el hombro), aumentará en endeudamiento y presionará al alza sobre los tipos de interés, amén de estimular la demanda de mano de obra inmigrante (los blancos supremacistas ponen pocos ladrillos y, por ahora, no pueden enviar a trabajar a sus esclavos negros). La Reserva Federal ya le ha pedido explicaciones al millonario, porque una cosa es comenzar a subir los tipos poco a poco, como pretende su presidenta, Yanet Yellen (que estará en el cargo hasta 2018), y otra hacer que se disparen, inflamen la inflación y le den un frenazo al crecimiento estadounidense, aún no demasiado robusto.

-Que eliminará restricciones sobre las energías tradicionales (carbón y petróleo obtenido por fractura hidráulica o fracking), lo cual deja a la política energética en manos de lo que, en definitiva, decida la OPEP, que aún tiene gran capacidad para mover a su voluntad los precios de los hidrocarburos. Esto quizás acabe presionando a la baja sobre la cotización del crudo, lo cual comprometerá la rentabilidad del carísimo petróleo obtenido por fracking y provocará así un efecto bumerán contra este sector. Por no hablar de los nocivos efectos sobre el medio ambiente.

-Que, de un modo y otro, va a importunar a los indocumentados y a dificultar la inmigración, lo cual puede acabar generando tensiones salariales y, de nuevo, inflación: ¿qué pasaría si los once millones de indocumentados, o sólo una tercer parte de ellos, abandonaran de golpe Estados Unidos? ¿Se imaginan a los votantes de Trump -que, como muestran los análisis, no son mayoritariamente pobres y/o desempleados- trabajando de camareros, de albañiles o de señoras de la limpieza?

-Que liberalizará (¿más aún?) los mercados financieros, algo que quizás calme a Wall Street… aunque quizás no tanto, por los temores de que se repitan las malas prácticas que desencadenaron la crisis.

-Que no ratificará los grandes tratados comerciales (comenzando por el firmado por Obama con Asia), lo cual podría generar inflación y dificultades para las exportaciones estadounidenses… y para los propios negocios de Trump (y de muchos otros empresarios blancos de raza superior) en todo el mundo.

TRUMP, CONTRA EL BREXIT

Este último punto enlaza con el otro hito en la nueva era de la mentira (ya saben, ahora llamada “posverdad”): el Brexit.

Cuando millones de británicos se dejaron engañar para votar contra Europa, confiaban en que reforzarían sus lazos con su gran amigo americano… que meses después elige a un presidente proteccionista. Los engañados por Farage, Boris Johnson o la propia Theresa May (que era anti-Brexit ante de ser nombrada para gestionarlo) pensaban además que salir de Europa sería rápido, fácil, barato y sin perder los privilegios de ser europeos, pero ahora descubren que todo eso era mentira y que hasta sus Tribunales obligan a su Gobierno a pasarlo todo por el filtro de un Parlamento anti-Brexit, mientras que Bruselas dice que, mientras siga en la Unión Europea, la pequeña Gran Bretaña tendrá que continuar cumpliendo sus reglas y no podrá poner en marcha ninguna de las patrañas prometidas por los citados pinochos.

Además, y esto es el lado bueno de la nueva era, parece que Europa reacciona: nuestros cegatos y conservadores líderes se han dado cuenta de que si prosiguen con sus actuales políticas ultra liberales de austeridad, surgirán por doquier nuevos Trump o nuevos Farage, quizás el primero de ellos con apellido que da pena en la Francia de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Así que, aún tímidamente, comienzan a pensar que una nueva política económica y nuevo plan de inversiones (más potente que el anémico presentado por Juncker) no serían tan mala idea.

Moraleja: la nueva era de la mentira quizás sirva para evitar que prosperen en ella posdinosaurios tan rancios y fascistas (¿qué les parecen las imágenes de nazis made in USA brazo en alto para celebrar la victoria de Trump?) que nunca debieron salir de las vitrinas de los museos o de las pantallas de la Red para introducirse en las urnas y pisotear la democracia, la economía y los mercados. Con un poco de suerte, al bicho americano se lo llevará pronto el meteorito de un impeachment, mientras que la locura del Brexit y sus derivadas continentales quizás se ahoguen si Europa por fin cambia su rumbo económico y hace fluir las inversiones.

 

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Los primeros espaldas mojadas de los Estados Unidos

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

“Ella, todos los años, regresaba a su pueblo en Iowa a conmemorar el Día de Acción de Gracias, ese ‘Thanksgiving’ que sólo los gringos celebran (…). Evocan el año cumplido por los fundadores puritanos de la colonia de Massachusetts, llegados a la roca de Plymouth en 1620, huyendo de la intolerancia religiosa de Inglaterra. Yo los llamo, para hilaridad de algunos amigos, los primeros espaldas mojadas de los Estados Unidos. ¿Dónde estaban sus visas, sus tarjetas verdes? Los puritanos eran trabajadores inmigrantes, igualito que los mexicanos que hoy cruzan la frontera sur de los Estados Unidos en busca de trabajo y son recibidos, a veces, a palos y a balazos.”

El inminente racista, populista y fascistoide nuevo presidente de Estados Unidos, que justo estos días aciagos “okupará” la Casa Blanca, no parece capaz de leer más de 140 caracteres seguidos. Ya lo hemos comentado en esta bitácora (http://wp.me/p4F59e-6U). Y sin duda rechazará leer cualquier cosa que venga de esa raza compuesta básicamente, según él, por criminales, narcos y violadores. Así que me apuesto lo que quieran a que ni sabe quién fue Carlos Fuentes (1928-2012), ni conoce la existencia de los dos libros aquí comentados: “Diana o la cazadora solitaria” y “Gringo Viejo”.

            El genio de la literatura mexicana nos cuenta su romance con la actriz norteamericana Diana Soren en la novela que titula con el nombre de su fugaz amante. Un choque de personalidades, de formas de amar y, también, de culturas. Porque con el pretexto de sus amores apasionados con Diana, Carlos Fuentes reflexiona sobre los Estados Unidos de América y su compleja relación de amor-odio con esos otros Estados Unidos de México con los que comparte más de 3.000 kilómetros de frontera.

Si en vez de ser un multimillonario heredero de un inmigrante alemán (su abuelo) que hizo su fortuna con los burdeles y sentó así las bases del futuro emporio inmobiliario de su padre, heredado y ampliado después por el rubiteñido magnate, ¿se imaginan que Trump fuera el caudillo de una tribu india que, en 1620, viera desembarcar en sus tierras a los puritanos? ¿Qué hubiera hecho el gran jefe “Flequillo Dorado”? ¿Quizás construir un muro para que los fundadores de la futura patria no pasaran, invadieran los bosques de los indios, se comieran a sus búfalos y exterminaran civilizaciones ancestrales en su alocada carrera desde la costa atlántica a la pacífica?

Como nos recuerda Carlos Fuentes, aquellos fundadores a quienes los estadounidenses idolatran fueron los primeros “espaldas mojadas”, sin visas ni tarjetas verdes, que pisaron esa tierra…

            “…igualito que los mexicanos que hoy cruzan la frontera sur de los Estados Unidos en busca de trabajo y son recibidos, a veces, a palos y a balazos. ¿Por qué? Porque invaden con su lengua, su comida, su religión, sus brazos, sus sexos, un espacio reservado para la civilización blanca. Son los salvajes que regresan.”

Así, como salvajes, ve Trump a los mexicanos y al resto de inmigrantes (salvo a las modelos rubias eslavas con las que le gusta casarse, o a quienes como su abuelo vengan desde Europa a montar burdeles y a especular en inmuebles). Por eso no sorprende que, como dice Fuentes, al contrario que “los salvajes que regresan”, los puritanos parezcan otro tipo de inmigrante:

            “Los puritanos gozan de la buena conciencia del civilizador. Roban tierras, asesinan indios, decretan la separación sexual, impiden el mestizaje, imponen una intolerancia peor que la que dejaron atrás, cazan brujas imaginarias y son, sin embargo, los símbolos de la inocencia y de la abundancia. Un gran pavo relleno de manzanas, nueces, especias y rociado de salsa espesa confirma a los Estados Unidos, cada mes de noviembre [durante la fiesta de Acción de Gracias], en la certidumbre de su destino doble: la Inocencia y la Abundancia”.

Ya vemos que Trump va sobrado de abundancia, aunque en vez de mostrar inocencia haga alardes de ignorancia. Y de ese racismo que ve a sus vecinos del sur como los indios salvajes que vuelven y a quienes hay que frenar con un muro en la frontera.

MÁS QUE FRONTERA, CICATRIZ

Claro que lo de Trump no es nuevo. Lo vemos en otra novela de Carlos Fuentes que junta a los Estados Unidos del norte con los del sur. En “Gringo Viejo”, nos cuenta la historia de un viejo  periodista norteamericano que se alista en el ejército de Pancho Villa para, literalmente, “hacerse matar”. Y en ese viaje hacia la eternidad conoce a una joven, la señorita Harriet, huérfana de un militar de los EE.UU., y a multitud de personajes que hablan de la Revolución Mexicana y, cómo no, de las siempre complejas relaciones con el poderoso vecino al norte de la frontera. Recordemos esta escena entre Harriet y uno de los revolucionarios, llamado Inocencio Mansalvo:

            “Harriet miró a Mansalvo por primera vez (…). Lo vio inmóvil e impenetrable, cortado en dos desde la barba, y supo que se quedaría vigilando la larga frontera norte de México; para los mexicanos la única causa de la guerra eran siempre los gringos.

            Mansalvo miró sin querer la frontera del lado norteamericano.

            –El gringo viejo decía que ya no hay frontera pa los gringos, ni pal este ni pal oeste ni pal norte, sólo pal sur, siempre pal sur (…).

            –Siempre pal sur –repitió Inocencio Mansalvo–. Qué lástima. Con razón ésta no es frontera, sino que es cicatriz”.

De las consecuencias de Revolución Mexicana y sus raíces económicas ya hemos hablado en esta bitácora al comentar “La serpiente emplumada”, de D.H. Lawrence (http://wp.me/p4F59e-1x). Pero Carlos Fuentes nos recuerda muy bien los orígenes de esta revolución y de qué modo es parte también de la eterna pugna de los mexicanos con sus vecinos del norte, y con muchos otros que entraron en el país azteca atraídos siempre por lo mismo: sus riquezas. Una historia de invasiones que Arroyo, un general de Pancho Villa, resume a Harriet:

“Él contestó retomando su hilo y diciendo que primero los hombres blancos y luego los mestizos que pronto poblaron esta tierra, también ellos sufrieron como los indios; ellos también perdieron sus pequeñas propiedades en beneficio de las haciendas invasoras, las grandes propiedades pagadas desde el extranjero o desde la ciudad de México, convirtiendo en señorones de la noche a la mañana a los que tenía dinero para comprar las tierras en subasta cuando las tierras dejaron de pertenecer a los curas; y los pequeños propietarios, como su propia gente, se encontraron de vuelta arrumbados: lárgate al monte, Arroyito, vive con los indios y conviértete en un soplo de fuego, o arrástrate por el desierto durante el día, como una lagartija, escondida a la sobra del cacto gigante, o asalta de noche como un lobo, corriendo a lo largo del océano seco y huérfano, o conviértete en trabajador aquí en la hacienda…”

La misma historia de todas las explotaciones y colonizaciones: el control de la tierra. Pagado a veces con dinero extranjero, como esas haciendas de otro país latinoamericano, Cuba, que Fidel Castro nacionalizó. Como, casualmente, eran propiedad de grandes empresas norteamericanas, los estadounidenses le colgaron al líder cubano el calificativo de “comunista”… que acabó pesándole tanto que arruinó algunos de los mejores frutos de la revolución.

MENTIRAS QUE SE REPITEN

Y vemos que la historia se repite ahora de otra manera. El mentiroso Trump –quien, por cierto, invierte donde le da la gana, a través de cientos de empresas distribuidas por decenas de países– amenaza a los fabricantes de choches (no sólo a los estadounidense, sino incluso a los japoneses y a los alemanes) con impuestos extraordinarios si osan invertir al otro lado de esa cicatriz que él mismo ha reabierto con México. No quiere que el dinero riegue el desierto de la economía mexicana. Un burdo proteccionismo que se convierte en el mayor estímulo para que cada vez más mejicanos estén dispuestos a saltar la frontera, por más que sean recibidos, como dice Carlos Fuentes, “a palos y a balazos”, por más que se empeñe en construir muros quien promete ser el presidente más estúpido de la historia de los Estados Unidos… y esperemos que también el más breve, porque si sigue metiendo la pata desde el Despacho Oval, no sorprendería mucho que el propio Partido Republicano impulsara un impeachment que devuelva a este personaje a las cloacas de las especulación inmobiliaria que nunca debió abandonar. Si a Clinton le hicieron el impeachment por mentir sobre las felaciones de una becaria, (subrayo, por mentir, no por el asunto en sí)… ¿cuántas mentiras más debe decir Trump, quien además miente sobre temas mucho más transcendentes y, sobre todo, para seguir enriqueciéndose desde la Casa Blanca? ¿Cuánta más postverdad –como dicen ahora los modernos– debe vomitar, con ayuda de sus amigos Putin, Le Pen o Farage, para ganarse la reprobación de los congresistas y senadores de los Estados Unidos?

Aunque, en mi opinión, el nieto del inmigrante alemán y aficionado a casarse con inmigrantes eslavas ha cometido un delito mucho mayor que mentir: ha levantado ya muros y fronteras en la cabeza y en el corazón de millones de norteamericanos:

“ ‘¿Y la frontera de aquí adentro?’, había dicho la gringa tocándose la cabeza: ‘¿Y la frontera de acá adentro?’, había dicho el general Arroyo tocándose el corazón. ‘Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche –había dicho el gringo viejo–: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos’”.

            Nunca dejen que en su corazón y en su cabeza se alcen fronteras como las que cita Carlos Fuentes, fronteras contra “nuestras diferencias con los demás”, contra los otros, contra los inmigrantes. Son las fronteras más difíciles de superar y siempre acaban convirtiéndose en cicatrices, heridas abiertas por las que perderán mucho más –no sólo “inocencia”, sino también “abundancia”– de lo que creen ganar al levantarlas.

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Títulos comentados:

-Diana o la cazadora solitaria. Carlos Fuentes, 1994. Alfaguara Hispanica, Madrid, 1994.

-Gringo Viejo. Carlos Fuentes, 1958. Unidad Editorial/El Mundo, Madrid, 1999.

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¿Por qué se paga tanto por algo que crece en los árboles?

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

“Sin ellos [los norteamericanos], cualquier bobo con un camión viejo o una barca agujereada con motor fueraborda podría transportar drogas al norte. Y entonces el precio no compensaría el esfuerzo. Pero tal como están las cosas, hacen falta millones de dólares para mover las drogas, y en consonancia los precios son altísimos. Los norteamericanos se apoderan de un producto que crece literalmente en los árboles y lo transforman en una mercancía valiosa. Sin ellos, la cocaína y la marihuana serían como naranjas, y en lugar de ganar millones pasándolas de contrabando, yo ganaría unos pocos centavos trabajando como un negro en algún campo de California, recogiéndolas”. 

Pura ley de la oferta y la demanda, que además está en la raíz de la resistencia política a legalizar las drogas. La explica un narco mexicano, Adán Barrera, jefe del clan cuya historia nos cuenta “El poder del perro”. Considerada por la crítica el equivalente narco-mex de “El Padrino”, estamos ante la gran novela americana sobre el narcotráfico. Gracias a ésta y a otras obras de éxito, su autor, Don Winslow (Nueva York, 1953), vive ahora de la literatura, tras haber pasado por diversos trabajos en cine y televisión y ejercer oficios tan dispares como detective privado, repartidor de alimentos o guía de safaris.

Su novela no sólo es una joya del género negro –con una trama apasionante y con momentos de espeluznante violencia que hacen que las películas de Sam Peckinpah parezcan episodios de Bob Esponja–, sino sobre todo una espectacular y documentadísima descripción del recorrido que ha llevado al narcotráfico a convertirse en un enorme negocio. Un camino que comienza, como hemos visto al principio, en los árboles, pero que los grandes cárteles mexicanos supieron reconducir con habilidad. Dejaron de cultivar droga, pasaron de que las operaciones policiales quemaran sus campos de amapolas, el día que descubrieron que su gran activo no era el producto, sino otra materia prima de 3.185 kilómetros de longitud e imposible de quemar: su frontera con Estados Unidos, ese país cuyos habitantes pagan millones por algo que crece en los árboles, pero no en México, sino en Colombia y en muchos otros países de América del Sur. Los narcos se situaron así donde siempre se gana más dinero con menos riesgo: haciendo de intermediario entre la oferta y la demanda. Se limitan a tomar la droga de los productores, a pasarla por la frontera y a devolvérsela, ya en el mercado de destino, para que vuelvan a ser los colombianos los encargados de la distribución.

UN MÁSTER DE NEGOCIOS

“El poder del perro” desmenuza todo el proceso con la precisión de un máster de negocios. No falta casi nada en la descripción de esta imbatible estructura empresarial:

“–Queremos empresarios, no empleados –explicó Adán a Raúl–. Los empleados cuestan dinero, los empresarios ganan dinero.”

 La teoría se ilustra con los detalles prácticos y cuantitativos, como el esquema de comisiones:

“La nueva estructura creó un creciente grupo de hombres de negocios independientes, bien recompensados y muy motivados, que pagaban el doce por ciento de sus ganancias a los Barrera, y de buena gana. (…) Y dirigías tu propio negocio, corrías tus propios peligros, recibías tus propias recompensas”.

Ni más ni menos que en la mejor franquicia. Y todo, en buena parte, gracias a que los narcos mexicanos aprendieron muy bien las lecciones económicas que les llegaban de sus vecinos del norte:

“–El doce por ciento de muchos –había explicado Adán a Raún cuando propuso la drástica reducción de impuestos– sumará más que el treinta por ciento de unos pocos.

Había tenido en cuenta las lecciones de la Revolución Reagan. Podrían ganar más dinero bajando impuestos que elevándolos, porque los impuestos menores permitían que más empresarios se interesaran en el negocio, ganaran más dinero y pagaran más impuestos”.

Ni Milton Friedman lo hubiera explicado mejor. Pero la estructura del negocio va más allá de los “estímulos fiscales” al más puro estilo monetarista. Llega hasta los servicios financieros integrales, como los típicos en la mejor oferta de la banca de negocios:

“Los Barrera también ofrecían servicios financieros. Adán quería facilitar a la mayor cantidad de gente posible la incorporación al negocio, de modo que nunca había que adelantar el doce por ciento. No tenías que pagarlo hasta después de haber vendido la mercancía. Pero los Barrera daban un paso más: te ayudaban a blanquear el dinero (…). La tasa vigente por blanqueo de dinero era del 6,5 por ciento, pero los banqueros sobornados cedían a los Barrera un rapel del 5 por ciento más de cada dólar de cada cliente (…). Todo lo que ingresabas en sucio, te lo devolvían en limpio, al cabo de tres días laborables, menos el 6,5 por ciento”.

Y todo ello, por supuesto, con la ayuda de las últimas tecnologías:

“Todas sus comunicaciones [Adán] las realiza a través de la red, codificadas con una tecnología que ni siquiera los norteamericanos son capaces de descifrar. Envía órdenes a través de la red, consulta sus cuentas a través de la red, vende su producto a través de la red y le pagan a través de la red. Mueve su dinero en un abrir y cerrar de ojos electrónico, lo blanquea a una velocidad superior a la del sonido, literalmente, sin siquiera tocar un dólar o un peso. Puede, y lo hace, matar a través de la red. Teclea un mensaje y lo envía, y alguien abandona el mundo de los vivos”.

CÓMO COMPRAR Y VENDER UN PAÍS

Los políticos mexicanos entendieron perfectamente esta estructura de negocio y, a cambio de percibir su particular “impuesto” en forma de sobornos de los narcos, ¿qué hicieron?:

“Lo que hicieron, en los términos más sencillos posibles: vendieron el país a los narcotraficantes”.

Quienes hasta se beneficiaron del gran acuerdo comercial entre México y Estados Unidos, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN):

“La droga va al norte y el dinero al sur. Y ambas partes de este viaje de ida y vuelta son mucho más fáciles porque el TLCAN ha relajado la seguridad fronteriza, lo cual facilita, entre otras cosas, un flujo ininterrumpido de tráfico entre México y Estados Unidos. Y con él, un flujo ininterrumpido de droga”.

Y un flujo ininterrumpido de poder para los narcos, que no sólo imponen con violencia su ley (resumida por esta novela en dos palabras: “Plata o plomo”), sino que hasta son capaces de forzar una devaluación:

“El nuevo presidente mexicano juró su cargo el primero de diciembre de 1994. Aquel mismo día, dos agencias de corredores de bolsa controlados por la Federación [los narcos] empezaron a comprar `tesobonos´, bonos del gobierno. A la semana siguiente, los cárteles de la droga retiraron su capital del banco nacional mexicano, lo cual obligó al nuevo presidente a devaluar el peso en un cincuenta por ciento. Después, la Federación cobró sus `tesobonos´ y colapsó la economía mexicana.”

Tras provocar el caos en el mercado de deuda, los narcos actuaron como hubiera hecho cualquier inversor: refugiándose en el inmobiliario.

“Como autorregalo de Navidad, la Federación compró propiedades, negocios, bienes raíces y pesos, los enterró bajo un árbol y esperó.

El gobierno mexicano no tenía dinero para pagar los `tesobonos´ pendientes. De hecho, tenía una deuda de 50.000 millones de dólares. El capital huía del país más deprisa que los predicadores de una casa de putas asaltada por la policía.”

Ya conocemos que pasa siempre en estos casos:

“Faltaban días para que el país anunciara la bancarrota, cuando la caballería norteamericana acudió con 50.000 millones de dólares en préstamos para apuntalar la economía mexicana (…). El nuevo presidente mexicano tuvo que invitar, literalmente, a los señores de la droga a regresar al país con sus millones de narcodólares, con el fin de revitalizar la economía y poder pagar el préstamo. Y los narcos tenían ahora más miles de millones de dólares que antes de la `crisis del peso´, porque en el periodo de tiempo transcurrido entre el canje de los pesos por dólares y la llegada de la ayuda norteamericana, utilizaron los dólares para comprar pesos devaluados, que a su vez volvieron a subir cuando los mercados entregaron el enorme préstamo (…).”

¿A que suena muy actual? Ni el mejor tiburón de las finanzas internacionales lo haría mejor. Es una operación de manual, con un resultado de manual:

“Lo que, en síntesis, hizo la Federación fue comprar el país, volver a venderlo a un precio alto, comprarlo de nuevo a un precio bajo, reinvertir en él y ver crecer las inversiones”.

Pregunta para nota: ¿Cuántos países, sobre todo del sur (incluso del sur de Europa), se han comprado y vendido así? ¿Cuántas economías al borde la bancarrota han sufrido operaciones de rescate que, en definitiva, las ha hecho cambiar de amo? El poder del perro, de ese perro que muerde con fuerza y no suelta la presa. Y todo, por una porquería que crece en los árboles, pero que acaba manchándolo todo, incluso a nuestros hijos, a una generación diezmada por el poder del narco, que se ha introducido también con fuerza –y con la facilidad de llegar planeando sobre las olas– en nuestra economía. Pero eso lo veremos en el próximo artículo, donde todo es silencio…

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Título comentado:

-El poder del perro.Don Winslow, 2005. Random House Mondadori/Roja&Negra, Barcelona, 2009.

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La Mafia, hija del sistema económico

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

¡Ma fia, ma fia! (¡mi hija, mi hija!), clamaba una desconsolada madre por las calles de Palermo el lunes de Pascua de 1282. Un soldado francés acababa de violar a su hija el mismo día en que la doncella se iba a casar. Bandas de sicilianos se lanzaron a la caza del gabacho. Miles de soldados franceses fueron masacrados en pocos días. Fue el primer gran suceso sangriento protagonizado por lo que, desde poco después, se conocería como Mafia.

Pero no era éste el objetivo de sus precursores, los llamados amici (amigos) o uomini rispettati (hombres respetables), que en realidad querían generar un Estado dentro del Estado, una estructura que el propio sistema económico podría llamar ma fia, mi hija.

“Los amici no eran reformistas. Ellos no buscaban derrocar al sistema (…). Habían aprendido a trabajar dentro del sistema, a explotarlo mientras el sistema explotaba a su vez al país”.

Nos lo explica Gay Talese en “Honrarás a tu padre”, un reportaje tan enorme (tanto por su grandeza como por sus más de 600 páginas) que acaba convirtiéndose en una novela real como la vida misma. ¿O acaso no es eso el llamado Nuevo Periodismo? Cuya fundación, por cierto, se atribuye a dos monstruos de la escritura norteamericana: el propio Gay Talese y su colega Tom Wolfe.

“Honrarás a tu padre” es la novela definitiva sobre la Mafia, porque es la historia definitiva sobre la Mafia. Una historia real, en la que Talese nos narra la vida y obras de un capo real, Bill Bonanno, último eslabón de una de las familias mafiosas más importantes de Estados Unidos. Con todos los respetos a la otra gran obra sobre la Mafia, “El Padrino”, de Mario Puzo (de quien hablaremos más adelante), el inmenso reportaje de Talese, escrito con el vigor y el estilo de la mejor novela, tiene la ventaja de que todo lo que se cuenta en él está arropado por el rigor del mejor periodismo, del que investiga en profundidad, acude a las fuentes directas, entrevista a los auténticos protagonistas, analiza los orígenes, documenta todos los datos… Es decir, de ese periodismo que, en esta acelerada era de medios on-line sin recursos y pilotados por eternos becarios, ya está amenazado de extinción.

La obra de Talese, publicada en 1971, fue llevada a la televisión en miniseries de la CBS y más tarde serviría de inspiración a la memorable “Los Soprano”. Porque nunca antes se había contado así, con tal rigor y profundidad, el funcionamiento de esa auténtica maquinaria económica que es la Mafia desde sus mismos orígenes en Sicilia:

“Durante siglos, la pobreza y las desgracias de su región fueron ignoradas por el gobierno de Sicilia, por el parlamento de Roma y por docenas de gobernantes extranjeros; así que finalmente [los Bonanno y los Magaddino, dos familias fundadoras de lo que después se conocería como Mafia] tomaron la ley en sus propias manos y la acomodaron a sus intereses, tal como habían visto que hacían los aristócratas”.

Fue el resultado inevitable de más de dos mil años de tumultuosa historia, que estos amici decidieron reconducir a su manera:

“No creían en la igualdad ante la ley; las leyes las redactaban los conquistadores. (…) La isla había sido gobernada por la ley griega, la ley romana, la ley musulmana, las leyes de los godos, los normandos, la Casa de Anjou, la Corona de Aragón; cada nueva flota de conquistadores traía nuevas leyes a la tierra, pero, sin importar quién fuera el autor de la ley, ésta siempre parecía favorecer al rico por encima del pobre (…). El gobierno oficial era con frecuencia el enemigo, los criminales solían ser héroes y los clanes familiares (…) eran reverenciados por sus conciudadanos. Aunque algunos de estos líderes eran vengativos y corruptos, se identificaban con la difícil situación de los pobres y a menudo compartían lo que les habían robado a los ricos…”.

Y, además, eran más fiables que las cambiantes y despóticas instituciones públicas:

“Su palabra casi siempre era de fiar y no traicionaban la confianza puesta en ellos”.

EL NEGOCIO MÁS LUCRATIVO DE ESTADOS UNIDOS

Con el tiempo, saltaron el gran charco y llegaron a Estados Unidos, donde los mafiosos seguían inspirados por los mismos principios que sus fundadores:

“…no querían que el sistema se derrumbara, porque de ser así, ellos caerían con él. Aunque reconocían que el gobierno tenía defectos y era hipócrita y poco democrático, y que la mayoría de los políticos y la policía participaban en la corrupción hasta cierto punto, la corrupción al menos era algo que se podía entender y con lo cual se podía tratar. Lo que más temían estos hombres y aquello de lo cual varios siglos de historia siciliana les había enseñado a desconfiar eran los reformistas y los cruzados”.

¿Les suena? Quien se asienta en la corrupción y en el reparto sistemático de sobres, lo que menos quiere es reformas, cambios en el sistema. Porque se enriquece con él hasta niveles difíciles de estimar:

“Según Nixon, los ingresos anuales [de la Mafia] por cuenta del juego ilegal estaban entre los veinte y los cincuenta mil millones de dólares –cifra que impresionó a Bill Bonanno, sobre todo por su falta de precisión–…”

Y eso sólo era una parte de sus negocios, en los años sesenta y setenta:

“Aunque el gobierno sostenía que el crimen organizado era el negocio más lucrativo de Estados Unidos, los expertos (…) no se podían poner de acuerdo (…). Sus cálculos iban desde los diez mil hasta los cuarenta mil millones de dólares anuales e incluso los informes más conservadores aceptaban que el crimen organizado producía más ganancias cada año que la suma de los ingresos de las compañías Unites States Stell, AT&T, General Motors, Estándar Oil of New Jersey, General Electric, Ford, IBM, Chrysler y RCA”.

Todo, a partir de familias sicilianas que se organizaron contra conquistadores cambiantes, corruptos y opresores. Aunque lo que Mario Puzo llama “la primera gran familia del crimen” no surgió en Sicilia, sino en Roma, y unos doscientos años después de ese trágico lunes de Pascua de 1282. El autor italiano nos lo cuenta en “Los Borgia”, su obra póstuma (publicada en 2001, dos años después de su fallecimiento):

“La Iglesia católica era una inmensa maquinaria que requería de innumerables engranajes para mantenerse en movimiento (…). La cámara apostólica, dirigida por el camarlengo, debía asumir el pago y el cobro de miles de facturas en ducados, florines y otras muchas monedas. El personal de la curia, que todos los años aumentaba en número, debía recibir un salario y había todo tipo de valiosos cargos eclesiásticos que vender e intercambiar, tanto de forma legítima como ilegítima”.

Este era el sistema en el que el Rodrigo Borgia (elegido papa en 1492, con el nombre de Alejandro VI) y su familia asentaron su particular estructura mafiosa, con gran protagonismo de sus dos famosos hijos: César y Lucrecia.

Por si alguien no se acuerda, Borgia es la italianización del apellido Borja, pues el célebre papa nació en una región española que en los últimos tiempos ha asistido a innumerables casos de caciquismo y corrupción… ligados incluso a una visita papal que dejó un reguero de millones entre determinadas “familias”. Nada nuevo bajo el sol:

“La Tierra se está degenerando en estos tiempos. Hay señales de que la civilización está llegando a su fin. El soborno y la corrupción abundan. Hay violencia por todas partes”.

Esta cita, recogida por cierto en “Honrarás a tu padre”, es absolutamente actual. El problema es que Gay Talese la toma de una inscripción asiria de 3.000 años antes de Cristo, 4.200 años antes de la Mafia y 4.500 años antes de los Borgia.

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Títulos comentados:

-Honrarás a tu padre. Gay Talese, 1971. Alfaguara, Madrid, 2011.

-Los Borgia. La primera gran familia del crimen. Mario Puzo (con la colaboración de Carol Gino), 2001. Planeta, Barcelona, 2001.

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