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Economía del lenguaje

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

“Está en nuestra naturaleza, en los huesos, en el bazo, en las amígdalas o donde se localice este año lo inefable, el tratar de unir los puntos –dijo Manny–. Como también lo está seguir hurgando en la oscuridad en busca de una idea que lo explique todo. La economía. La religión. Las conspiraciones. Una teoría de la totalidad”.

 Son palabras de un guionista de Hollywood, Manny, amigo de Driver. El solitario y poco locuaz conductor se comunica de cuando en cuanto con su alter ego parlanchín. Es uno de sus pocos amigos. Y, en algunos momentos, la voz de su conciencia. Su guía para la vida. Porque eso, la vida, es lo que nos cuenta James Sallis en dos breves novelas, “Drive” y “Driven” (publicada en español como “El regreso de Driver”). Dos joyas modernas del género negro. Y dos modelos de economía del lenguaje. En las 156 páginas de la primera novela y en las 139 de la segunda, Sallis nos demuestra cuánto se puede decir con tan pocas palabras. Y además lo hace utilizando el lenguaje como una cuchilla afilada. Cada frase es un corte, una disección para mostrarnos lo que está dentro de los “grandes conceptos”. Los mismos de los que habla Manny en el siguiente párrafo, escrito, como el anterior, en “Driven”:

 “Nos han inculcado grandes conceptos. Y que la humanidad avanza gracias a esos grandes conceptos. Pero a medida que vas haciéndote mayor, acabas por entender que las naciones no se forman basándose en grandes conceptos ni las guerras obedecen a grandes ideas, sino que todo sucede porque la gente no quiere que las cosas cambien”.

 Y tampoco cambian en economía, como afirma este guionista unas líneas más abajo, al describir sus relaciones con un productor:

 “Tengo que seguir haciéndome el simpático con el tío de la pasta, con sonrisitas empalagosas y toda la pesca… Hay que ser creativos. Puede que hablemos de cómo es posible que, durante los últimos veinte años, el uno por ciento de los americanos haya duplicado su fortuna mientras les bajaban un tercio los impuestos”.

 Los efectos de las reaganomics, y de su lamentable herencia económica más reciente, explicados en un par de líneas. Igual que, unas páginas antes, un abogado le explica a Driver su teoría de eso tan valorado como “el conocimiento”:

–El conocimiento nos hace mejores personas, ¿no crees?

–No –repuso el otro–. La verdad es que no. No lo creo en absoluto. Me tiro cuatro años en la universidad, abrillantando pupitres con el culo, más tres años en la facultad de Derecho, y acabo de recadero. Ya sabes por dónde puedes meterte el conocimiento”.

 Driver habla con este y otros sujetos porque va en busca de quién ha ordenado matarle. De esto va la trama de ambas novelas: el protagonista, especialista de cine para escenas al volante y, ocasionalmente, conductor para atracadores, se ve envuelto involuntariamente en un sucio asunto con peligrosos mafiosos. Se defiende y, como es un tío duro, mata a algunos capos. Otros ordenan su aniquilación. Y él conduce y huye, conduce y mata en defensa propia, conduce y busca… Por eso logra que la gente hable para él, que habla tan poco. Otro abogado, también “recadero” de los mafiosos, le explica cómo funciona una gran empresa:

“–¿Sabes esos tíos que siempre se ven en los centros comerciales (…). ¿Esos tíos mayores con la cabeza puntiaguda, una tripa enorme y unas piernillas que les cuelgan del trasero? Pues así es GBS, solo que debajo de la oronda tripa hay como cien piernas, y todas ellas van en distintas direcciones (…). Es lo que hacen las empresas como GBS desde hace mucho tiempo. Se trata de que no te soplen el asiento en el autobús, de mantener la maquinaria en marcha como siempre se ha hecho. Todo lo demás (clientes, empleados, la ley en sí) es secundario”. 

Cualquiera que haya sobrevivido en una gran compañía suscribiría absolutamente esta descripción: todo es secundario, menos que “te soplen el asiento”. Igual que casi cualquier habitante del planeta suscribiría esta otra descripción de todo el sistema que Driver escucha, por casualidad, en un centro comercial:

“Los políticos que elegimos son básicamente ricos y forman parte de una u otra clase de sociedad elitista; y están sujetos a grupos de presión que no tienen nada que ver con nosotros porque solo piensan en salvarse a sí mismos (…). Y mientras tanto, el setenta por ciento de los telespectadores norteamericanos se engancharon anoche a ese programa en el que una petarda elige a su gañán favorito (…). Ahí tienes a tu gran país. Por eso tengo tantas esperanzas en el futuro”.

Demoledor. Y, de nuevo, escrito en un lenguaje cortante como un bisturí. E igual de fino, sin una sola palabra de más. Economía del lenguaje. Algo, por cierto, habitual en la gran novela negra (http://economiaenlaliteratura.com/dinero-negro-en-la-novela-negra/).

LA VIDA

Todas estas citas corresponden a la segunda novela, “Driven”. Porque en la primera, “Drive”, además de poner en marcha a ese conductor implacable, Sallis nos habla sobre todo de lo básico. Es decir, de la vida. Lo único que, en el fondo, interesa a este joven Driver que sólo busca sobrevivir en un mundo ajeno e incomprensible. Después de hundirle en la tráquea una llave de coche a uno de los tres matones de cabezas rapadas que le acosan en un aparcamiento, el conductor se larga sin más y Sallis nos cuenta sus sentimientos:

“Tal vez Driver debiera dar la vuelta. Volver y contarles que la vida era así, una larga sucesión de cosas que no eran como uno esperaba que fueran.

A la mierda. Ya lo descubrirían. O no. La mayoría de la gente no lo descubría nunca”.

Descubrir. O, más bien, descifrar:

“La vida nos envía mensajes sin parar, y luego se sienta y se ríe al pensar qué vamos a hacer para descifrarlos”.

Pero él, siempre en movimiento, parece haber descifrado el principal:

“Entendía muy bien que, por definición, la vida era cambio, movimiento, agitación. Todo lo que contradice o niega eso no puede ser vida, tiene que ser otra cosa”.

De nuevo, ese estilo seco, directo, con las palabras justas. Como cuando Driver habla, también de la vida, con un mafioso a quien está a punto de cargarse. Un diálogo que podría haber escrito Shakespeare y cuyo momento culminante es el siguiente:

“–¿Crees que escogemos nuestra vida? –Bernie Rose [el mafioso] le preguntó cuando iban ya por el café y el coñac.

–No. Pero tampoco creo que nos la impongan. A mí me parece que nos va empapando desde abajo”.

 Para empaparse aún más de esta lección de economía del lenguaje, no se pierdan su  reflejo cinematográfico, una de las sorpresas recientes del cine negro: “Drive”, dirigida por Nicolas Winding en 2011. La protagoniza un inquietante Ryan Gosling, perfecto en su papel de conductor en busca de la vida. Un Driver que dice más cuando está callado: las palabras que suelta en los 100 minutos de metraje quizás no ocupen más de un folio. Las podría haber escrito el mismísimo Manny…

Qué difícil es escribir así. Con tan pocas palabras. Y más difícil aún es escribir así de economía (http://www.nautebook.com/noticia/748/Coleccion:-Espanol-de-Negocios/Como-escribir-de-economia-y-finanzas…-en-espanol.html).

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Títulos comentados:

-Drive. James Sallis, 2005. RBA, Barcelona, 2011.

-Driven. El regreso de Driver. James Sallis, 2012. RBA, Barcelona, 2013.

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