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Cómo el New Deal salvó al capitalismo… según Charlot (o lecciones de un cómico que debería leer el bufón de la Casa Blanca)

Fotografía: © M.M.Capa

Fotografía: © M.M.Capa

“Era ir demasiado lejos; aquello [el New Deal de Roosevelt] era puro socialismo, gritó la oposición. Lo fuera o no, salvó al capitalismo del completo desastre. Se instauraron asimismo algunas de las mejores reformas de la historia de Estados Unidos. Era alentador ver la rapidez con que el ciudadano estadounidense reaccionó ante un gobierno constructivo”. 

No es la historia contada por un economista, sino por uno de los mayores artistas del siglo XX. Un hombre a quien en 1952 se le impidió regresar a Estados Unidos por supuestas simpatías comunistas, pese a que –como demuestra el párrafo anterior– mostraba una gran admiración por el pueblo y la política norteamericanos. Se llamaba Charles Chaplin (Londres, 1889, Vevey, 1977). Era ese genial Charlot del cine mudo y en blanco y negro que demostró ser un artista integral además de, como se aprecia en su autobiografía (publicada en 1964 y reeditada hace un par de años en español), un certero analista de su mundo y de su época. Y que tuvo el valor de hacer y decir lo que le dio la gana, con absoluta libertad… algo con frecuencia imposible para economistas y políticos. Quizás por eso sus análisis sean tan lúcidos y su obra, tan deslumbrante. No olvidemos que, cuando por fin aceptó hacer una película sonora, fue para ridiculizar a Hitler en la monumental “El gran dictador”. ¿Qué película –o más bien serie televisiva– haría ahora Chaplin sobre patéticos aprendices de dictadorzuelos como Trump, Le Pen, Farage y compañía?

UN ANÁLISIS PRECISO

Algunas de las películas de Charlot están cargadas de mensajes económicos. ¿Cómo olvidar la crítica al consumismo y a la deshumanización del trabajo en “Tiempos modernos”?¿O el modo genial en que narró, en “La Quimera del Oro”, la fiebre por el metal dorado en Alaska? ¿O la permanente tensión social que reflejan sus papeles de perdedor, arrinconado por la sociedad opulenta, pero siempre dispuesto a defender al más débil? “Para reírte del dolor, tienes que ser capaz de agarrar el dolor y jugar con él”, dijo Chaplin. Y fue lo que hizo en sus películas al transmitir el dolor provocado por la exclusión económica de desfavorecidos con zapatones rotos, raídos bombachos y sombreros desastrados.

            Pero Chaplin no sólo nos habló de economía en sus películas. Como vemos en su biografía, también fue capaz de escribir análisis tan sintéticos y bien narrados que podrían servir de brillante introducción, o incluso de atinado resumen, a cualquier gran estudio académico. El mejor ejemplo es cómo, en apenas unos párrafos precisos y afilados, nos cuenta el New Deal. Para ello, comienza con el resumen, en pocas líneas (pág. 532), de los efectos del crak del 29:

“Desde mi regreso a Estados Unidos estaba ocurriendo algo maravilloso. Los reveses económicos, aunque drásticos, realzaron la grandeza del pueblo estadounidense. Las dificultades económicas habían empeorado. Algunos estados llegaron al extremo de imprimir papel moneda a fin de colocar las mercancías sin vender.”

Un entorno que, como el actual, fomenta los populismos y las políticas económicas de la derecha más dura:

“Mientras tanto, el lúgubre Hoover estaba enojado porque su desastrosa argucia económica de asignar dinero a las clases altas, creyendo que algo llegaría a la gente humilde, había fracasado. Y en medio de toda aquella tragedia, en la campaña electoral declaró a gritos que si Franklin Roosevelt llegaba al poder peligrarían las bases del sistema americano, que en aquel momento se revelaba infalible”.

REAGANOMICS Y TRUMPANOMICS

Recordar ahora las proclamas populistas de Herbert Hoover –el cuáquero conservador y ultra liberal que presidió Estados Unidos entre 1929 y 1933–, nos suenan a las Reaganomics e incluso a las inminentes Trumpanomics… Ya saben, bajar los impuestos a los ricos para que algunas migajas caigan a la mesa de los pobres. Menos mal que –salvando las necesarias distancias– apareció el Obama de la época, como nos cuenta Chaplin:

“Sin embargo, Franklin D. Roosevelt ganó las elecciones y la nación no se vio en peligro. Su discurso sobre el ‘hombre olvidado’ despertó a la política estadounidense de su cínica modorra e impulsó la era más gloriosa de la historia del país. Escuché ese discurso por radio… (…). ‘Demasiado hermoso para ser verdad’, dije”.

Pero fue verdad. Roosevelt ganó las elecciones de 1932 y otras tres más, pues presidió el país hasta su fallecimiento en 1945. Y Chaplin nos narra, en un alarde de síntesis y precisión, las medidas que el nuevo presidente impulsó con su “Nuevo Trato”, con ese famoso New Deal que transformó a los Estados Unidos. Comenzó con el origen de la crisis, es decir, con la banca (que ya sabemos que suele ser el origen de cualquier gran crisis que se precie):

“En cuando Roosevelt llegó al poder [en 1933] empezó a implantar su programa electoral, ordenando un cierre bancario durante diez días para impedir las quiebras. Aquel fue el momento en que Estados Unidos respondió mejor. Las tiendas y los almacenes de todo tipo siguieron haciendo negocios a crédito; incluso los cines vendieron entradas a crédito, y durante diez días, mientras Roosevelt y su llamado ‘trust de cerebros’ redactaban el New Deal, la población se comportó de manera magnífica”.

Tras este primer paso, Roosevelt siguió adelante con determinación, atreviéndose a medidas que los fasci-populistas y los ultra liberales de hoy día (como hicieron los de entonces) tacharían de inaplicables:

“Se instauró una legislación para afrontar toda clase de emergencias: restablecía el crédito de las granjas para detener el latrocinio de los embargos hipotecarios, financiaba amplios proyectos públicos, instauraba la Ley de Recuperación Nacional, aumentando el salario mínimo, disminuía el desempleo mediante el recorte de las horas de trabajo, fomentaba la organización sindical. Era ir demasiado lejos; aquello era puro socialismo, gritó la oposición. Lo fuera o no, salvó al capitalismo del completo desastre”.

¡Cuánto necesitaríamos ahora, en este 2017 que es el Año Diez de la Crisis, medidas como estas! Y ya vemos que algunas comienzan a apuntarse con timidez: los planes europeos de estímulo a la inversión, la subida del salario mínimo…

Recordar a Charlot y compartir su visión del mundo y de la economía apetece en este nuevo año que nos va a traer viejas miserias: la primera, el próximo 20 de enero, cuando un aprendiz de bufón tome posesión como presidente de Estados Unidos. Lástima que Trump no lea mucho (¿han visto alguna biblioteca en las espectaculares imágenes de su ático hortera y pseudo-versallesco de la Quinta Avenida?). Porque si este telepredicador barato fuera capaz de leer algo que tenga más de 140 caracteres, le vendría bien repasar la biografía de ese gran cómico que no pudo volver a Estados Unidos por culpa de la moda de cazar comunistas. Aunque lo más probable es que, si Chaplin viviera ahora, tampoco le apetecería volver: no sólo por ser un inmigrante inglés –aunque a lo mejor se habría comido su pasaporte británico para protestar contra el Brexit, igual que se comió los cordones de sus botas en la “Quimera del oro” –, sino porque además ya habría rodado una película parodiando a Trump, sin duda tan hilarante como la que hizo sobre ese otro lamentable histrión llamado Hitler… quien, por cierto, también era muy aficionado a levantar muros y alambradas. Como todos los que, ante cualquier crisis, creen que la única solución es llenar el mundo de fronteras para salvar al “pueblo elegido”. No saben que, como canta Jorge Drexler, “no hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido”.

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Título comentado:

-Chaplin. Autobiografía”. Charles Chaplin, 1964. Lumen, Barcelona, 2014.

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