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¡Yanet, no guardes aún el helicóptero!

Hay quien piensa que lo peor de la crisis ya ha pasado. Al menos, en los mercados financieros y, por ende, en el mercado monetario. A mí me parece que simplemente se ha desplazado el foco, o el epicentro de las turbulencias, a la espera de nuevas oportunidades de caza mayor. Lo malo es que si se vuelve a disparar a mansalva, por ejemplo, contra el euro, a la torpe y lenta Europa le va a pillar la cacería sin terminar de sanear sus finanzas ni, mucho menos, su economía.

Quien haga trading en divisas –el mayor mercado del mundo– seguro que sigue encontrando ocasiones para operar con éxito, pero también con un riesgo creciente y teniendo muy claro que ya nada es como era… ni volverá a ser como era. Nunca ha sido un mercado fácil, ni predecible (es el más impredecible de todos). Pero, tras lo que parece una relativa calma, este mercado está condicionado por la mutación del nuevo monstruo que hemos creado entre todos: una especie de Gotzila (más chino que japonés) que aún no sabe muy bien hacia dónde ir, ni cómo de fuerte pisar.

¿Pesimismo? Más bien precaución ante el incierto panorama: Ben Bernanke le ha dejado los mandos de su helicóptero a quien hasta ahora era su copilota, Yanet Yellen. La debutante presidenta de la Reserva Federal seguirá el rumbo trazado por su predecesor. Además, Yellen habla como Bernanke, no como Alan Greenspan, siempre empeñado, como él mismo reconoció, “en decir lo mínimo con el mayor número de palabras posibles“. Con el nuevo estilo más transparente y directo que utiliza ahora la Reserva Federal (1), su nueva jefa lo ha dejado meridianamente claro en sus primeras intervenciones: el helicóptero inicia el aterrizaje, mientras abandona, poco a poco, su estrategia de regar con liquidez el incendio de la crisis.

Claro que Yellen dice y hace esto hoy, apoyada por unos datos económicos que comienzan a mejorar en Estados Unidos. Pero no olvidemos que la política monetaria norteamericana tiene un solo piloto, no como la europea, con un montón de becarios toqueteando los mandos que en realidad lleva Alemania (siempre empeñada en que el helicóptero vaya sólo donde a ella más le conviene). Y ese mando único americano apunta ahora hacia la pista de aterrizaje. ¿Qué pasaría si se reactivaran las turbulencias en las grandes divisas o si la recuperación de la economía estadounidense perdiera fuerza? Pues que Janet Yellen debería volver a tirar de la palanca de su aparato para que tomara altura de nuevo.

¿Calma en el euro?

Contra el euro, por ahora, las turbulencias se han acabado. ¿Por qué? ¿Se han resuelto las crisis de las deudas griega, portuguesa, española, italiana…? Más bien se han maquillado, y en algunos casos bastante mal, porque si la deuda y la crisis helénicas tuvieran cara, se parecería más a un Picasso que a un hermoso perfil clásico tallado por Fidias. ¿Cuántos planes de ajuste y/o salvamento lleva Grecia… para seguir ahogándose casi igual que antes? ¿Italia está mejor que con Berlusconi y su permanente “bunga-bunga” sobre los mercados? Sin duda, pero ya vemos lo que duran sus nuevos primeros ministros “estables”, que se devoran unos a otros como Saturno a sus hijos, aunque, en el último caso, al revés: el hijastro (Renzi) se ha zampado al padrastro (Letta).

Y si nos miramos el ombligo patrio, el déficit público sigue siendo rondando los diez puntos frente al PIB (pese a los brutales ajustes donde menos había que hacerlos, como educación y sanidad) y la deuda pública avanza con paso firme hacia el cien por ciento del PIB (tasa que probablemente alcance en 2015, tras situarse en 2013 en el 94 por ciento, el endeudamiento más alto en cien años). Con estos datos, un crecimiento anémico, un desempleo salvaje y una evidente falta de dirección y de ideas en la cabina de mando, no hay quién entienda por qué ha bajado la prima de riesgo española (igual que antes tampoco se entendía que se disparara tanto). Tampoco se entiende que tras rebajarnos la nota, alguna de las desacreditadas agencias de rating nos la suba ahora con el argumento de que tenemos “un modelo sostenible de crecimiento” (estaría bien que Moody´s le explicara al Gobierno cuál es ese modelo).

Ni antes estábamos tan horriblemente mal, ni ahora estamos estupendamente. No nos engañemos: si la prima española se ha relajado (como otras europeas) ha sido básicamente porque un señor un día habló claro: cuando Mario Draghi dijo aquello de “créanme, haremos todo lo necesario” para defender el euro, los mercados entendieron que ya no era buen negocio cargar contra la divisa europea. Y Draghi lleva desde entonces, junio de 2012, apoyándose en ese discurso tan contundente, pero con muy poco activismo monetario: el Banco Central Europeo (BCE), con los tipos en el 0,25 por ciento, parece ahora paralizado, pese a que se ha pasado de rosca en su gran objetivo, el control de una inflación que en enero bajó al 0,7%, nada menos que 1,3 puntos por debajo del objetivo oficial del euro-banco. El Tribunal Constitucional germano acaba de allanar el camino para que el BCE sea más activo en los mercados… Pero ya veremos qué pasa si el discurso de Draghi y su “hacer todo lo necesario” comienza a perder credibilidad y requiere algo más que palabras.

Porque ya vemos dónde está Europa: crisis inconclusas o mal cicatrizadas, división política, inoperancia institucional, crecimiento escaso y muy mal repartido, unión bancaria (imprescindible para sanear de una vez el sistema) encallada contra el “nein, nein, nein” germano, amenaza de deflación, renacimiento de las extremas derechas y de la xenofobia (da que pensar que los cantones suizos con menos inmigrantes hayan sido los que más han votado por los cupos de inmigración), tiros y revoluciones en nuestras propias fronteras (¡pobre Ucrania!)… En este sálvese quien pueda (si es que alguien puede), el BCE titubea. El piloto Draghi pugna para que no le quiten los mandos, o se los muevan de cualquier manera, con un ojo puesto en Berlín, otro en la deflación, otro en el magro crecimiento, otro en el gigantesco desempleo de los países del sur y en el casi pleno empleo (infectado de precariedad) del norte… No se pueden tener tantos ojos y fijar bien el foco.

Sustos emergentes

Pero como Draghi lo avisó en junio de 2012, el mercado sigue confiando en que “hará todo lo necesario”. Como el mercado (el único ente auténticamente soberano sobre la Tierra) tampoco se atreve, por ahora, con el dólar (otro importante monarca en este “Juego de, pocos, Tronos”), ha buscado refugio en el oro (cuyo precio se anima este año, tras caer un 30 por ciento en 2013) y ha optado por cebarse en las divisas pequeñas e indefensas de los emergentes: muchos se lo merecen más que de sobra (Argentina y Venezuela han llegado a un punto en que mejor estarían totalmente dolarizados, sin divisa propia… e incluso sin gobierno propio) y, además, no han conseguido respaldo alguno de quién podía actuar en su defensa (la Reserva Federal USA); otros se lo están trabajando a fondo (¿alguien cree de verdad que Brasil tendrá terminados a tiempo todos los estadios para sus grandes fastos deportivos, mientras las protestas sociales se suceden?); y otros, que ya no son emergentes sino emergidos generadores de tsunamis, son el auténtico problema, tanto por lo que ocultan tras la Gran Muralla como por los pasos de gigante (o de Gotzila, como decía al principio) que están dando fuera de ella. Ni siquiera el gran banquero del planeta, el gran financiador de todos nuestros déficits, tiene claro dónde apoyar sus miembros monstruosos, dónde dar el próximo paso sin aplastar nada, sobre todo ahora, cuando no hay una flotilla de helicópteros norteamericanos que, como en la última versión de la película “King Kong”, le marquen los límites al bicho.

¿Un Lehman amarillo?

Lo han adivinado: hablo de China. Se lo he puesto muy fácil, con lo de la Gran Muralla, 6.300 kilómetros de fortificación que se comenzaron a construir en el siglo III antes de Cristo y que ahora, en vez de defender al país de los bárbaros, oculta lo que de verdad ocurre en su sistema financiero y en la política monetaria de sus dirigentes, si es que tienen otra más allá de marcar el paso sin saber bien hacia dónde. Una cosa sí saben: necesitan fuertes ritmos de crecimiento para generar millones de empleos al año y evitar que su mutante sociedad estalle, pero al tiempo deben evitar peligrosos sobrecalentamientos que gripen el motor. Y también saben que su sistema financiero, en acelerada reconversión al más puro estilo capitalista pero con viejos modos autocráticos (los bancos hacen lo que les dice el Gobierno, y punto), está bordeando en algunos momentos niveles de riesgo que, ahora mismo, serían inaceptables para la banca europea o norteamericana. Ya existe un mercado de “bonos basura” chinos (se acuerdan de los famosos junk bonds, rebautizados después con diversos eufemismos, del estilo subprimehigh yield, etc., según sus distintas mutaciones), un foco de tensión que puede estar comprometiendo la estabilidad de algunas entidades. Ciertos bancos tras la Gran Muralla ya comienzan a tener problemas, hasta el punto de que algunos expertos se preguntan si en cualquier momento veremos un “Lehman amarillo”… Y si eso ocurre, si ni siquiera las omnipotentes autoridades monetarias de Pekín pueden evitar que una de sus grandes entidades colapse (o simplemente amenace con colapsar), ya veremos lo que pasa. Aunque no se desplome ningún Gotzila, la simple amenaza puede extender una espesa sombra sobre el mercado monetario mundial…

Por eso, desde el otro lado, desde los bancos centrales occidentales (sobre todo la Reserva Federal, pero también el BCE y, por supuesto, el Banco de Japón), la vigilancia debe ser extrema.

¡Yanet, por favor, no guardes aún el helicóptero en el hangar¡

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